Post invitado: ¿Quiénes son los míos?

Hola a todos. Como saben más que de sobra, este blog no se actualiza lo suficiente como para mantener cierto interés y solo sirve de archivo para cuando no quiero repetir en Twitter los mismos argumentos de siempre. Aún así, todos los años pago hosting, lo cuál es un verdadero desperdicio. Cenando el otro día, mi maestro Cuervo Blanco mostró su interés en tener un blog, así que le dije que por qué no escribía en el mío.

Mi maestro ha decidido abrir un ciclo titulado “Reflexiones Propedéuticas para un Activismo Adulto”. No sé de qué me está hablando. En todo caso, aquí les dejo su texto. Que lo disfruten.


Este domingo 25 de mayo se celebrarán las elecciones al Parlamento Europeo y, como cada vez que invocan nuestro espíritu de convencidos demócratas, votaremos por una determinada lista a representarnos en dicha cámara. Como viene siendo costumbre, cada uno de nosotros lleva semanas dándole vueltas a la cabeza, leyendo programas electorales, siguiendo las intervenciones públicas de los candidatos, discutiendo con gente en cuyo criterio político confiamos sobre el tema y, poco a poco y con  gran esfuerzo, realizando un juicio lo más racional posible con vistas a decantarnos por un partido u otro. A fin de cuentas, como ciudadanos responsables y adultos que sabemos lo que nos hacemos, seremos responsables y elegiremos a aquellos que mejor nos guíen por la senda de la libertad y….
Vaya, creo que ya me he venido arriba. Acostumbrado como estoy a escribir ficción, me he dejado llevar otra vez y he caído en una suerte de idealismo trasnochado. Quizá tú, querido lector, seas un votante cabal que decide a quién da su confianza con la cabeza fría y libre de prejuicios, pero la realidad es que el españolito medio va a votar una vez contesta (y suele tener la respuesta clara de antemano, no creas) a la pregunta que da nombre a este artículo: ¿Quiénes son los míos?
Y es que, como en tantas otras esferas de la vida, el ciudadano normal no actúa según un cálculo frío y racional de pros y contras, sino con la determinación que es resultado de una serie de ideas, esperanzas y falsas certezas que se funden diabólicamente en el magma monstruoso de la “identidad”. Lo siento, queridos (e ilusos) amigos ilustrados, pero la irracionalidad está fuertemente arraigada en nuestro neo-córtex, por mucho que esto nos duela. El domingo que viene comulgaremos en el ritual que nos hace sabernos dentro de una determinada tribu, y tomaremos la pildorita azul o la roja (o la verde, o la morada, o la indeterminada) en función de nuestra ideología.
Estos comicios electorales suponen un especial desafío para aquellos concienciados con la necesidad de votar pues, esta vez, el cínico y desmotivador argumento del “voto útil” se encuentra desactivado por una serie de motivos que nos llevaría demasiado tiempo desglosar. La oferta de partidos presente es una excelente noticia y raro es aquel que no encuentre algún partido político que le convenza; pero nada más lejos de la realidad y, al tiempo, más cerca de la inquietud que despertó esta reflexión….
Creo que una de las ideas asumidas que me hicieron aceptarme, ya entrada la treintena, como alguien adulto fue la aceptación de que mi conducta debía estar orientada al tiempo por lo ideal y lo posible, mis principios y mis posibilidades. Porque ser idealista o cínico es lo más fácil políticamente: Total, sólo hace falta pensar que TODO está por hacer o que no se puede hacer NADA para, así, legitimar mi irresponsabilidad. Absolutos, tan típicos del pensamiento infantil….
La realidad, sin embargo, es que en política entran en juego ambas dimensiones. De un lado, sentimos una necesidad imperiosa, un anhelo fruto de nuestro propio sistema cognitivo, una aspiración radical a encontrar un partido o candidato que se adapten como un guante a nuestro propio ideario, pues así nuestra identidad queda autodefinida y reforzada; es, para que nos entendamos, una estructura mental que juega una función análoga a la de ser de un partido de fútbol, seguir a un determinado director de cine o “darle al Me Gusta” en Facebook. Por otro lado, las reglas del juego son las que son y, que no se nos olvide jamás, quienes juegan son personas en última instancia, así que necesariamente terminarán decepcionando nuestras siempre desproporcionadas expectativas. Dicen que la naturaleza humana no es buena ni mala, sino cutre así que, de la misma forma, ese partido político en quien depositas tu voto acabará corrompiéndose por las corruptelas, deudas adquiridas y mezquindades inseparables de la política realmente existente.
Así que, querido lector, te recomiendo que juzgues sabiamente a quién vas a votar, no dejándote llevar por la fiebre de los caballos ganadores y ni por el derrotismo de este mundo gris y desesperanzador. Que encuentres, en el justo medio (al menos esta vez), el sentido común necesario para hacerte cargo de ti mismo.

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