Los aliados que gritaron “lobo”

Mi amigo Tirso me pide que, por el bien de su familia, le explique un poco de qué va esto de Siria, ahora que parece que vamos a lanzarles unas cuantas bombas. Cuando digo “vamos” me refiero a esa cosa medio informe a la que llamamos “comunidad internacional”, que fundamentalmente es cuando Estados Unidos y Reino Unido dicen que sí, Alemania dice que quizás, Francia dice que psé, China dice “mientras no os metáis conmigo” y la Unión Europea dice DEEPLY CONCERNED.

La comunidad internacional tiene un obvio problema aquí, que es que nadie quiere una guerra. Durante los últimos 10 años nos han dicho que “[X] tiene armas de destrucción masiva y quiere utilizarlas”, refiriéndose a toda clase de enemigos que fuesen el Mal que correspondía en ese momento. En el caso de Irak, claro que Saddam quería utilizar armas de destrucción masiva – ya lo hizo en su día – pero resulta que el muy cretino las destruyó cuando la ONU se lo pidió. En el caso de Corea del Norte, Lil’Kim tiene armas de destrucción masiva, pero no quiere utilizarlas: lo único que quiere es tocar las pelotas para que le sigan mandando sacos de arroz y a ver si la próxima vez viene Michael Jordan. Lo mismo pasa con Irán e Israel, India y Pakistán: es un juego de a ver quién la tiene más gorda, pero al igual que mamá y papá, USA y URSS, es un juego no más.

Pues resulta que nuestro amigo Bachar el Asad, ese del bigotín tan majo y de la mujer que era portada de Vogue, no solo tiene armas de destrucción masiva, sino que tiene toda la pinta de que ya las ha utilizado. Debimos sospecharlo cuando nos dijeron que era cirujano oftálmico: hay que estar hecho de cierta pasta para meter un bisturí en un ojo y no contraerse de grima – y si dicen que no, intenten ver un par de veces seguidas esa escena de Un perro andaluz. 

En todo caso, ya no nos lo creemos. Occidente ha gritado “lobo” tantas veces que aunque veamos niños convulsionándose en televisión no consideramos que valga, ya no la vida de cualquiera de los nuestros, sino la vida de cualquiera de los suyos. Y más cuando, en Siria, solo hay una convicción: ninguno, pero ninguno de los beligerantes, puede considerarse como Los Buenos™.

Siria es, desde un punto de vista étnico y religioso, un cipote. No tanto como pueden serlo países como Nigeria o la ex Yugoslavia, pero si eres un país de Oriente Medio, y más si eres vecino de Israel, todos los problemas son más problemas. Mayoritariamente (90%) es un país árabe, pero hay minorías kurdas, turcas y armenias. El mapa religioso es más fragmentado aún: es mayoritariamente musulmán, pero aparte de los suníes, que son mayoritarios, están los chiíes, los ismailíes y los alauíes, por no hablar de cristianos y drusos, en un mapa que parece lo que pasa cuando tiras al suelo un vidrio lleno de esta sal coloreada que aprendes a hacer con tizas en clase de manualidades. Básicamente estamos hablando de añadir ambos componentes; el religioso y el étnico al odio más fácil y arraigado del mundo: el odio que tiene todo el mundo a los del pueblo de al lado.

Y, como casi en todos los sitios jodidos del mundo, alguna culpa tienen los franceses. Durante su ocupación del territorio, de 1920 a 1948, los franceses tuvieron una obsesión: salvaguardar las vidas y haciendas de los cristianos tanto en Líbano como en Siria (estos, por su parte, se lo agradecieron adoptando mayoritariamente nombres propios franceses). Para hacer esto, los franceses se empeñaron a convertir Siria en un mosaico: los cristianos su estado, los alauíes el suyo, los drusos el suyo, los chiíes, en fin, hubo para todos. Y, como buena autoridad colonial, los franceses se sostuvieron en las minorías para gobernar el territorio, lo que era indispensable para ambos: las minorías conservaban la vida y se llevaban unas bicocas importantes, mientras que los franceses se garantizaban la fidelidad perruna de quien sabes que depende de ti para la mera supervivencia.

Tras la II Guerra Mundial, Siria se convirtió en independiente, y se convirtió en un sin Dios. Al poco de la independencia se metieron en una guerra con Israel que acabó, huelga decirlo, mal.  Los golpes de Estado se sucedieron uno tras otro. Los sirios acabaron tan hartos que, en 1958, decidieron voluntariamente – bueno, quicir – ponerse a las órdenes del único líder que, en esa época, parecía saber lo que se hacía en el mundo árabe. Gamal Abdel Nasser. Que era egipcio.

El nasserismo fue una especie de versión árabe del atatürkismo turco: una voluntad de unir y modernizar el mundo árabe rompiendo sus ataduras con Occidente pero cogiendo lo necesario para la industrialización y el desarrollo social. Pero Nasser tenía dos problemas que Atatürk nunca tuvo: el canal de Suez, y, sobre todo, Israel. Así que, mientras Occidente no vio ningún inconveniente en darse por derrotado por el Gran Padre de los Turcos – en el tratado de Lausana – Nasser se encontró de cara con la hostilidad de Reino Unido, Francia e Israel, que invadieron conjuntamente Egipto en 1956 – una operación que, salvo para Israel, fue un desastre. Y Nasser cometió el mismo pecado que Fidel Castro: dado que Occidente no me ayuda, es la hora de poner los ojos en la Gran Madre Rusia.

Se preguntarán por qué estoy hablando de Nasser cuando este artículo va de Siria. La respuesta es que Siria es el último país nasserista del mundo: el último país árabe que es a la vez antioccidental – y antiisraelí – y a la vez profundamente antiislamista. Eso, sumado a las generosas donaciones del régimen de Asad – tuve un par de amigos de la facultad que visitaron Damasco en “visita cultural”, lo hace extremadamente popular en sectores de cierta izquierda que ven en Asad a una suerte de Fidel árabe, el último de una era. Y cuando se es fan de las causas perdidas, nada es más atractivo.

Por su parte, Rusia, el mayor valedor internacional del nasserismo, tiene en Asad su último hombre en la zona. Y piensa defenderlo con los dientes. Es por eso que nadie va a darse al trabajo de esperar a que el informe de los inspectores de la ONU llegue al Consejo de Seguridad: gracias a las buenas obras del Padrecito Stalin y los 20 millones de muertos en la Gran Guerra Patriótica, Rusia tiene derecho de veto y con él defenderá a su onvre. Así que en Washington y Londres no piensan ni darse al trabajo.

Porque en los últimos 30 años, los países nasseristas han ido cayendo, uno a uno. El primero fue el pionero: Egipto, deseoso de paz con Israel y ayuda americana para enfrentarse a Gadafi. El siguiente fue Irak, donde Sadam había sido celebrado como la barrera laica al islamismo iraní hasta que decidió que había que sacarle brillo a todas esas armas que le habían vendido los americanos. Por último, Libia, donde Gadafi había convertido el nacionalismo árabe en un nacionalismo gadafista donde el único país era él.

El problema aquí es: ¿muerto el nacionalismo laico árabe, qué poner en su lugar? Irán lo tiene claro: repúblicas islámicas como la suya. Como han demostrado todas las elecciones libres (pero libres de veras) celebradas en los países árabes, el islamismo es la opción más popular, a mi entender porque es la única opción realmente autóctona. Digamos que décadas de intervención extranjera no han dejado una buena imagen de Occidente en las masas árabes, así que toda opción opuesta a los malvados judíos va a ganar de calle.

El asunto es que islamismos, mal que bien, hay dos: el enfermo y el muy enfermo. El enfermo es el plan iraní: chador, segregación, represión cultural y toda la pesca, pero con cierto grado de humanidad. El muy enfermo es el pack completo talibán-Al Qaeda de cortar manos y ahorcar gente en los estadios para jugar al fúmbo. Y en países como Siria, donde los islamistas han estado escondidos debajo de las piedras durante décadas, la vida es como una caja de bombones: nunca sabes como te van a salir.

Y claro, eso no nos gusta, así que preferimos subvencionar a una masa de paniaguados corruptos que mantienen una apariencia democrática; es el caso de Irak y Palestina. Pero los países que más tienen que perder en caso de que exista una república islámica – es decir, las monarquías del Golfo – prefieren curarse en salud. Los Saud, los Jalifa, los Sabah, los Majtum, saben que si un día los islamistas ganan ellos, amantes del whisky y de la buena mesa, van a perder más que ciertos intereses económicos. Así que han declarado claramente que si hay que romperle la cabeza a leñazos a los islamistas – como es el caso de Egipto – por ellos, ningún problema, es más: corren con los gastos.

Y luego está Catar. El padre del actual emir abdicó hace unos meses: hasta entonces, se había dedicado a poner pasta a islamistas – fue el mayor valedor del Gobierno de Morsi – supongo que bajo la idea de que quien paga manda y que, si un día ganaban los islamistas, su cabeza y la de su clan estaría a salvo. Quien haya visto Rambo III – bueno, en realidad, quien sepa un poco como funciona el mundo – sabe que eso es una Mala Idea, y la política exterior del nuevo emir todavía está por ver.

Pero es que ahora, gracias a todo el dinero y armas puesto por todos en Siria: rusos, turcos, cataríes, Bin Laden, Irán, su puta madre en verso, todo el mundo está armado hasta los dientes, nadie tiene ninguna piedad, nadie puede ganar del todo y, gane quien gane, el resultado no nos va a gustar.

Esta semana bombardeamos. ¿A que anima?

Seguiremos informando.

12 comments for “Los aliados que gritaron “lobo”

  1. Rubén López
    27/08/2013 at 23:09

    Me encanta. Esclarecedor, cínico y brillante. Me ha ayudado a visualizar un poco mejor el conflicto.

  2. 28/08/2013 at 00:00

    Esto es lo mejor que he leído sobre Siria.

  3. Someone
    28/08/2013 at 00:17

    Muy bien escrito! Es como la versión blog ultrarrápida de The Arabs de Eugene Rogan.

  4. Tintxo
    28/08/2013 at 01:57

    Venía leyendo un análisis inteligente, ácido y lúcido hasta que encontré una línea que dice algo como que hay dos clases de islamismos, el enfermo y el muy enfermo. Resultó ser un análisis miope, torpe y con el facilidad típico del que quiere escuchar “uh, pero que gracioso este tío”. Pero ni eso.

    • Niloe
      28/08/2013 at 15:57

      Pues me parece, que al margen de ser un poco bruto en las formas; que no en el fondo. El hecho de dividir entre malo y peor no es más que lo que se puede aplicar a cualquier fanatismo religioso, de cualquier índole. Estoy de acuerdo con el editor.

  5. Arthegarn
    28/08/2013 at 11:56

    Muy correcto. Hay dos puntos en los que no estoy de acuerdo: uno menor, respecto a lo de gritar “lobo”, y uno mayor sobre la influencia de Occidente en el islamismo, pero muy correcto.

    Respecto al menor, aunque estoy de acuerdo en que la gente ya no se cree nada, el problema es que no hay forma de hablar con la gente. Cuando te encuentras realidades complicadas como estas, las decisiones se toman por una multiplicidad de razones extremadamente complejas que valoran muchísimos factores, sus consecuencias a medio y largo plazo y un larguísimo etcétera. Pero la gente no tiene ni ganas ni, en muchos casos, capacidad para atender a todas estas razones y se quedan con una narrativa sencilla, de buenos y malos. Los que rascan un poco más como mucho llegan a que los buenos quizá no sean tan buenos, pero para de contar; lo único que entiende el pueblo es las distintas vertientes de “que viene el lobo”. Y. por si acaso piensas lo contrario, cuando el Pueblo parece que reacciona contra las mentiras que le cuentan (que no son mentiras, son simplificaciones ad nauseam) en realidad no está haciendo eso (¿O es que verdaderamente los del “No a la Guerra” tenían pruebas irrefutables de lo que decían?) sino que lo que hacen es creerse otra narrativa, igual de simplista y alejada de la complejísima realidad, que les ha contado otro tipo con otra agenda distinta y que espera obtener rédito de algún tipo de la misma.

    Respecto al mayor, me remito a mi artículo de hace ya años sobre el islam, la democracia y el miramientodeombliguismo reconcentrado de Occidente, que se cree sinceramente que es la Madre del Cordero y que si a todas las sociedades les das suficiente tiempo acaban evolucionando naturalmente a la democracia y el Estado de Derecho. Aunque puede ser cierto que el colonialismo (sobre todo la descolonización, opino, pero bueno) ha dejado una huella de “Occidente es malo”, muchísimo más importante que eso es la cultura, el puro Weltanschauung de los individuos, de los ciudadanos de a pie que componen las sociedades de las que estamos hablando y para los que no hay nada de malo (es que ni se lo plantean) en un Estado o un Gobierno confesionales.

    Pero, en general, me parece un artículo muy correcto e informativo (y bastante bien escrito) con el que estoy bastante de acuerdo.

  6. 28/08/2013 at 12:05

    Un excelente artículo y resumen del clusterfuck en el que nos vamos a meter tirándonos de bomba (ja!) a la piscna. Y yo lo tengo claro: Irán y su teocracia islámica es el menos malo en todo esto. Las monarquías del golfo son Satán, y los salafistas-wahabitas que luchan contra ellos son Satán con jetpack y granadas de mano. Y son a los que vamos a ayudar con esta intervención. Si es que no aprendemos, cojones ya.

  7. Fi
    29/08/2013 at 14:52

    Familia salvada! Gracias por tan magnifico articulo.

  8. Begoña
    31/08/2013 at 18:13

    El artículo muestra el lado cínico,desgarrador e irónico que podemos exponer todos de casi todos los temas actuales. Decir algo de manera agria, no convierte lo que decimos en más verdad o en más mentira; simplemente hace que determinado tipo de lector esboce una mueca al leerlo. Cuando se te acaba la mueca, que es lo que importa-que se acabe-, debieran empezar las reflexiones. Y , desde luego, nuestros actos.

  9. 15/09/2013 at 00:38

    Túnez, donde iniciaron los levantamientos árabes el año pasado, le ofreció asilo al presidente de Siria en febrero en un intento por detener los enfrentamientos.

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