Canadá: y fue

Estaba preocupado al escribir mi artículo de ayer sobre las elecciones canadienses de anoche. Tenía mis dudas: al fin y al cabo, ya no sigo las vicisitudes de la política canadiense con la intensidad de antaño, cuando era más joven y más selectivo en mis nerdismos politológicos, y consideraba que a lo mejor mi artículo estaba poco conectado con la realidad de hoy y que podría estar columpiándome demasiado en mis afirmaciones. Ésta mañana, ya con los resultados en la mano, he de decir (carraspea, tose, se pule los nudillos en la camisa) que mis temores eran, en gran medida, infundados.

Cuando la CBC, la televisión pública canadiense, hizo hará unos años una encuesta a la población para averiguar quién era el Canadiense Más Grande de todos los tiempos – una clase de programas que tuvo su boom a mediados de la década pasada y que perdió un poco su atractivo cuando empezaron a salir ganadores no muy presentables (en Portugal ganó Salazar, por ejemplo) – el ganador no fue ni Frederick Banting, el descubridor de la insulina, ni Alexander Graham Bell, el inventor del teléfono, ni siquiera Wayne Gretzky, el más grande de entre los  jugadores de hockey. El ganador fue un tipo con gafas que lo máximo que consiguió en la vida fue ser primer ministro de Saskatchewan, también conocida como esa provincia que está ahí en medio. Pero Tommy Douglas, que así se llamaba el hombre, fue famoso por dos cosas: primero, por ser el primer socialista elegido primer ministro provincial en Canadá – y, de hecho, en Norteamérica – y por liderar a su provincia en la edificación del logro del que los canadienses se sienten más orgullosos en la larga Lista De Cosas Que Nos Distinguen De Los Yanquis: la sanidad pública. Douglas consiguió articular el laborismo político canadiense, sacarlo de la periferia política donde suele estar en Norteamérica y convertirlo en un partido político minoritario pero siempre con presencia parlamentaria. Todos éstos logros fueron ensalzados en televisión por el mismísimo nieto de Tommy Douglas… Jack Bauer.

El gran problema del laborismo canadiense siempre había sido Quebec. Durante los últimos 50 años ha intentado hacer avances en la provincia francófona, sin demasiado éxito. De hecho, el actual nombre del partido, Nuevo Partido Democrático (NPD) viene en gran medida del hecho de que el nombre original, Co-operative Commonwealth Federation, era difícil de traducir al francés (y, ya que estamos, también difícil de traducir al castellano) Y, sin presencia en Quebec, uno nunca puede ir demasiado lejos en la política canadiense…

…hasta ayer. El NPD ha arrasado en Quebec, llevándose 58 de los 75 escaños de la provincia, aprovechándose de dos factores: primero, que el candidato de los liberales, Michael Ignatieff era demasiado anglo y demasiado tibio (¡y yanqui!) para el gusto local (siempre más progresista que el resto del país), y segundo, que el otro gran partido en Quebec, el Bloc Quebecois, se ha desmoronado como un castillo de naipes – su líder, Gilles Duceppe, ha perdido su escaño en Montreal – certificando, al menos por el momento, que al soberanismo como galvanizador político se le ha acabado el gas.

Pero, como decía ayer, no ha sido suficiente. En un sistema político como el canadiense, aunque entre el NPD y los liberales hayan juntado un 49% de los votos frente a los 39% de los tories, éstos han aprovechado la brecha NPD-Liberales en Ontario para arrasar en la que es la región más poblada del país – especialmente en el área metropolitana de Toronto, donde Ignatieff también se ha quedado sin escaño -, y obtener una mayoría absoluta de 15 escaños.

Sin el catalizador del soberanismo, el Bloc ha perdido su razón de ser, y sin Duceppe, reconocidamente el más capaz de todos los líderes políticos canadienses, que ha dimitido, iniciará una cuesta abajo que más que probablemente acabará con su disolución. Mientras, los liberales se han llevado un baño sin precedentes – aunque sin llegar al nivel de la hostia que se dieron los conservadores en 1993 – y inician aquí una travesía del desierto que se ve reforzada por el hecho de que, si Ignatieff dimite como líder – como probablemente hará – por la regla no escrita del partido Liberal el próximo líder ha de ser un francófono, es decir, ha de salir de los siete (7) diputados que los liberales han elegido en Quebec, los siete en la isla de Montreal. Si quitamos a Stephane Dion, que está amortizado, Irwin Cotler, que es anglo, y a los dos italianos (Pacetti y Scarpaleggia), nos quedan tres: Denis Coderre, ex-ministro de Jean Chrétien y marrullero de libro; el ex-astronauta Marc Garneau, candidato de adorno, pero que puede tener su oportunidad; y, finalmente, la gran esperanza blanca, el Hijísimo, Justin Trudeau en persona. (Sé que todo lo que estoy diciendo les suena a chino y no les interesa en absoluto, pero es mi blog y me lo follo cuando quiero.)

También a destacar el hecho de que los Verdes efectivamente han roto la barrera  – como en Reino Unido – y se han llevado su primer escaño, en la isla de Vancouver (donde, por increíble que pueda parecer, no está Vancouver). El hecho de que lo hayan logrado, como informé, a pesar de que la prensa insistiera en meterles en el saco de los extraparlamentarios, tiene un mérito importante.

¿Y ahora qué? Sensibilizada como está la opinión pública canadiense acerca de las piruetas financieras, probablemente no veremos liberalizaciones ni desregulaciones a saco, pero sí podemos esperar un abandono definitivo de cualquier política ecólógica (¿CO2? ¡Hijo, tenemos que venderle éste gas a los yanquis!), la privatización de empresas públicas y recortes en donde quiera que no causen demasiados problemas en su electorado. Pero, lo dicho, los de Alberta están como cabras y se pueden lanzar a un neoreaganismo a saco que no solo está pasado de moda sino que además puede ser peligroso.

Seguiremos informando.

3 comments for “Canadá: y fue

  1. 03/05/2011 at 20:20

    Pues sí, Thiago, es tu blog y te lo follas cuando quieras, y si hablas de Canadá ya sabes quién hará las labores de testigo.

    (… hmmm… en serio? Pues sí)

    “Duceppe, reconocidamente el más capaz de todos los líderes políticos canadienses”: qué tienes en contra de Layton? No sé si viste el debate, pero lo hizo mucho mejor que Mr. D. Y se las sabe todas.

  2. CardinalXiminez
    03/05/2011 at 21:45

    No tengo nada en contra de Jack; lo de anoche es como para ponerle una estatua. Pero a mi entender Layton no tiene tanta maña en los pasillos parlamentarios como Duceppe: manejarse en los pasillos de Ottawa requiere la astucia de un perro viejo – y Duceppe lo era. Lo de ser la oposición oficial será un cursillo acelerado – a ver como se le da.

    Lo de tu circunscripción ha sido una animalada: un 57%(!) para Mulcair, que es muchísimo para un distrito tan diverso como el tuyo. Si hay alguna prueba de que algo ha cambiado en Quebec, es esa.

    ¡Gracias por el comentario y hazle cuchicú a Inara de mi parte!

  3. 04/05/2011 at 19:57

    Eso está hecho ;o)

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