Bueno, por fin. Ha terminado el Carrusel de Clásicos, cuatro Real Madrid-Barcelona en menos de un mes que, definitivamente, han sacado lo peor que España puede dar de sí y que, con toda probabilidad, pueden haber logrado cambiar la cara del fútbol español – a peor – para siempre.
Porque si en lo meramente futbolístico ha ganado el Barça, los que han salido ganando son precisamente esos para los que el fútbol en sí es la parte menor del negocio: la prensa deportiva española. En el fútbol moderno, los partidos se ven por televisión y se oyen por la radio. El ciudadano medio se va a la cama con el partido visto – u oído: no necesita soltar el euro del ala la mañana siguiente para que le vuelvan a mostrar lo que él ya sabe directamente. En tiempos de crisis, por desgracia, la información redundante de pago es un lujo del que mucha gente puede prescindir.
Conscientes de ello, la prensa deportiva española vende periódicos vendiendo lo que en el partido no hay: la Rivalidad, la Polémica, el Pos-Partido, el Pre-Partido; rumores, chismes, calumnias y rencores; veintiséis páginas diarias de quién es qué, quién hace qué, éstos son así y nosotros somos mejores.
Y lo que es peor, se apuntan al sarao las televisiones, conscientes de que tienen que llenar quince minutos de fútbol todos los días, más que nada porque a los chonis y a las marujas (que son los que ven televisión en España ahora mismo) más de media hora de información les aburre. Y como no hay como llenar treinta minutos diarios (tarde y noche) de fútbol únicamente con fútbol – salvo que pongas resúmenes de la liga eslovaca – pues dale más marujeo, más rencor y más polémica. Y la bola rueda y cada vez se hace más grande.
Sumamos a la ecuación el hecho de que en Madrid el mayor periódico deportivo, Marca, es propiedad de Unidad Editorial, la editorial de El Mundo. Unedisa ha decidido que, siguiendo el principio tan profundamente hispano de que un periódico no es un medio de información sino una herramienta de identificación ideológica del lector, ha decidido saturar las páginas de Marca con el mismo manifiesto anticatalanismo del periódico madre. A 600 kilómetros de allí, el Grupo Zeta, deseoso desde hace tiempo de ganarle la mano en catalanismo al Grupo Godó – su principal rival – ha decidido repetir la maniobra con Sport, saturándolo de la misma hostilidad al centralismo que uno puede encontrar en El Periódico. Los rivales, As (de Prisa) y Mundo Deportivo (de Godó) han tenido que apuntarse a toda prisa a la misma hostilidad para no perder lectores, en muchos casos ganándoles la mano.
Permítanme un inciso: ¿Necesitamos más pruebas de que la transición política está inacabada en España? ¿No es suficiente prueba el hecho de que convertimos en Brunete todo lo que tocamos? Y no hablo del fútbol, porque el fútbol es muy fácil de politizar, como la primera batalla de las guerras de Yugoslavia. Hablo de cosas como la política de menores, la política del agua, la política fiscal, en fin, todo. Sigue el artículo.
Y, por si el pastel necesitase guinda, entra en escena José Mourinho, entrenador que ha hecho un arte del desconcentrar al adversario exacerbando tensiones. Es su método, está certificadamente probado y lo ha paseado por toda Europa con – relativos – buenos resultados. El problema es que no sé si Mourinho es consciente de los trasfondos profundos que supone el aplicar esa política en España; no sé si es consciente de la cantidad de podredumbre que tenemos bajo la alfombra y de lo fácil que es remover y hacer estallar el caldero de los rencores y de la desconfianza mutua.
En todo caso, yo prefiero pasar de eso y quedarme con lo bueno, que es el fútbol. Del lado del Madrid, la segunda parte de Özil en el partido de Liga, Marcelo (nunca pensé que diría ésto) peleando cada balón como si le fuera la vida en ello, y, como no, las paradas de don Iker Casillas. Y del lado del Barça, algún que otro desmarque de Xavi o Iniesta – me es indiferente, arte en ambos casos – y, por supuesto, el segundo gol de Messi en la ida de la Champions, una obra maestra que será uno de los ejemplos que le pondré a mis hijos cuando me pregunten por qué me gusta el fúmbo.
Pero entiendo perfectamente a los que detestan el fútbol. Gracias a nuestra incapacidad de resolver nuestras diferencias políticas e ideológicas en donde se debe, es decir, en la política, hemos cubierto al fútbol de tal cantidad de mierda que hay que arrancarla con un machete. Pero, como decían en el mayo del 68, debajo de los adoquines está la playa. Es hora de ir limpiando el fútbol de estos cascotes.
Seguiremos informando.